Que te eche de menos.
Que te quiera de vuelta en mi vida.
O que me duela verte en una foto besando a alguien que no soy yo.
Eso mas bien se convirtió en rutina.
En una costumbre.
Como ese 'buenos días princesa' (Ni eran buenos, ni había princesa).
Tus recuerdos se quedaron en la espalda,
como un peso muerto,
una carga innecesaria.
Cada vez que te recuerdo dueles. Enfadas. Asfixias.
Pero no. No como crees. No como creen.
La verdad es que tu recuerdo en sí me es indiferente. Tu lo eres.
Los enfados me recuerdan a algo que no soy, y que era contigo. O por tí.
El dolor, como con todo, ha ido menguando con el tiempo, hasta desaparecer.
Y la asfixia.
La asfixia se fue al respirar lejos de tí.
Lejos de lo tóxico.
Fuiste quien puso punto y final a nuestra historia.
Y yo.
Yo me quedo con ser esa gota de agua que se pierde en el océano,
entre un millón de historias más,
sin intención de que nadie la encuentre.

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