He sobrevivido a eso de no oler tu perfume al otro lado de la cama.
He sobrevivido a las noches de soledad (y de pies fríos, muy fríos).
He sobrevivido a tu herida,
ahora no es más que una pequeña cicatriz que a veces acaricio con anhelo,
pero despacito, muy despacito,
para no despertar más recuerdos de los necesarios.
Escribe nuestra historia, me dijo.
Para qué, si el papel no lo soportará,
a él le escocería de por vida (y no le pienso hacer eso).
Demasiado pasé con tanto dolor.
Pero oye, he sobrevivido.
Ya no te quiero aquí, ni allí.
Ya no me importa si eres feliz, o si te va bien.
De no ser por ti, no podría con nada.
Y ahora, lo puedo todo.

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